Como cada año, la cultura maya le da la bienvenida a la primavera

En el sureste de México, la arqueología maya cumplirá su cita anual con el descenso del dios Kukulkán para marcar el inicio de la primavera en el hemisferio norte.

Cada año, el 20 de marzo Chinchén Itzá es la sede del festejo del cambio de estación, donde miles de personas asisten para recargarse de energía positiva y hacen rituales para que su vida mejore.

“Kukulkán desciende poco a poco y cuando llega a la Tierra permanece varios minutos para fertilizar y llenarla de bienaventuranza, después asciende igual que como bajó: lentamente van desapareciendo los cuadrángulos de luz”, dijo el astrónomo y matemático mexicano Eddie Salazar Gamboa.

El astrónomo, Eddie Salazar, en una entrevista para la Agencia EFE coincide en que el equinoccio de la primavera no es el único fenómeno “arqueoastronómico” en las zonas arqueológicas mayas en el sureste de México.

Además de Chichén Itzá, hay más sitios en Yucatán, como Dzibilchaltún, Oxkintok y el Observatorio de Acanceh.

En dichas zonas existen edificios “que permiten ver espectáculos naturales de luz y sombra que cautivan a los visitantes nacionales e internacionales”, explicó.

En el Templo de las Muñecas de Dzibilchaltún se vislumbra el sol en cada amanecer durante los días cercanos al equinoccio; en Oxkintok está el Arco Falso que da cuenta de la llegada de la primavera y Acanceh es famoso por haber sido un observatorio astronómico maya.

Chichén Itzá, una de las principales ciudades de la cultura maya, ha sido declarada como una de las nuevas maravillas del mundo moderno.

En cada equinoccio, los mayores sitios arqueológicos de México, como Teotihuacán y Chichen Itzá, registra un gran afluencia de visitantes.

Chichén Itzá es la segunda zona arqueológica con mayor promedio de visitantes con unas 30.000 personas cada año, delante de las ruinas mayas de Tulúm y Dzibilchaltún.

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