La espera terminó para Cruz Azul. En una noche cargada de tensión, lluvia, errores y emoción hasta el último minuto, La Máquina se proclamó campeona del Clausura 2026 tras remontar a Pumas UNAM en la Final de vuelta disputada en Ciudad Universitaria. El marcador de 1-2 no solo selló el título, también marcó el fin de una larga batalla emocional para un club acostumbrado a convivir con la presión y los fantasmas de finales pasadas.
El encuentro comenzó cuesta arriba para los cementeros. Apenas en los primeros minutos, Robert Morales adelantó a Pumas con un gol que encendió el Olímpico Universitario y puso a vibrar a la afición auriazul. El equipo dirigido por Efraín Juárez parecía tener el control, impulsado por la intensidad de su gente y el desgaste físico que arrastraba Cruz Azul tras una complicada liguilla.
Sin embargo, el partido comenzó a cambiar lentamente. Entre la lluvia, el cansancio y las expulsiones que golpearon a Pumas —Uriel Antuna y Ángel Rico dejaron a su equipo con nueve hombres— el panorama empezó a inclinarse hacia los celestes. El desgaste terminó siendo demasiado para un cuadro universitario que resistió hasta donde pudo.
La reacción de Cruz Azul encontró su primer respiro en la segunda mitad, cuando un error defensivo de Rubén Duarte terminó en autogol. La anotación cambió completamente la dinámica del partido. La Máquina tomó confianza y comenzó a empujar con más decisión, mientras Pumas intentaba sobrevivir encerrado en su propio campo.
La salida de Coco Carrasquilla terminó por desordenar todavía más al conjunto universitario. Y cuando parecía que el duelo se encaminaba al alargue, apareció Carlos Rotondi. Al minuto 90+4, el argentino silenció Ciudad Universitaria con un disparo que se convirtió en el gol más importante del torneo para Cruz Azul.
El festejo fue inmediato. Jugadores, cuerpo técnico y aficionados liberaron años de frustración acumulada. Para Rotondi, además, el tanto tuvo un peso especial: pasó de cargar críticas y dudas en torneos anteriores a convertirse en el héroe inesperado de la final.
El título también representa una reivindicación para Joel Huiqui, quien asumió el mando en la recta final del campeonato tras un cambio de entrenador que generó incertidumbre dentro del club. Contra pronósticos y con un plantel golpeado, logró llevar a Cruz Azul a levantar la ansiada décima estrella.
Más allá del campeonato, la final dejó una lección clara: en el futbol, los partidos no terminan hasta el último segundo. Y esta vez, Cruz Azul encontró la manera de transformar la presión histórica en carácter campeón.
