Un operativo silencioso en Nogales terminó con la captura de Isaí “N”, identificado por autoridades federales como sobrino de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán y presunto integrante de la facción de Los Chapitos dentro del Cártel de Sinaloa.
La detención fue confirmada por Omar García Harfuch, quien informó que el sujeto era considerado una pieza importante dentro de la estructura logística del grupo criminal, particularmente en operaciones relacionadas con drogas sintéticas.
Según las investigaciones federales, Isaí “N” habría coordinado durante el año pasado el traslado y comercialización de alrededor de 10 mil pastillas de fentanilo con destino a Estados Unidos. Además, las autoridades lo vinculan con tareas de producción y distribución de narcóticos hacia territorio estadounidense y Costa Rica.
El operativo ocurrió en un inmueble ubicado en la colonia Casa Blanca, en Nogales, Sonora, después de semanas de vigilancia e inteligencia militar. Con una orden judicial autorizada por un juez de control, fuerzas federales ingresaron al domicilio y concretaron la captura sin que se reportaran enfrentamientos.
Durante el cateo fueron aseguradas armas largas y cartuchos útiles. Posteriormente, el detenido fue puesto a disposición del Ministerio Público federal, mientras el inmueble quedó bajo resguardo policial.
La aprehensión se realizó en coordinación entre la Secretaría de la Defensa Nacional, la Fiscalía General de la República, la Agencia de Investigación Criminal y la Guardia Nacional.
No es la primera vez que Isaí “N” enfrenta problemas con la justicia. Desde 2008 había sido detenido en Culiacán tras circular en un vehículo sin placas y con vidrios polarizados. En aquella ocasión portaba armas de fuego, radios de comunicación y cartuchos, además de contar ya con antecedentes penales.
Las autoridades también lo relacionan con Enoc Martínez Zepeda, alias “El Chinacate” o “El Vocho”, identificado como un operador financiero ligado al Cártel de Sinaloa y detenido años atrás en Badiraguato.
La captura ocurre en un contexto donde el gobierno federal busca golpear las estructuras operativas y financieras de Los Chapitos, especialmente tras el aumento de presión internacional por el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos.
Sin embargo, más allá del impacto mediático de un apellido ligado al narcotráfico, el caso vuelve a exhibir cómo las redes criminales en México siguen funcionando mediante estructuras familiares que durante años han logrado mantener presencia, poder y control en distintas regiones del país.
