El futbol volvió a conquistar las calles de la Ciudad de México, pero esta vez no con balones ni porterías improvisadas. A menos de 20 días de que arranque la Copa Mundial de la FIFA 2026, la explanada del Palacio de Bellas Artes se transformó en un gigantesco mercado de emociones, nostalgia y trueque, donde cientos de aficionados llegan todos los días con un mismo objetivo: completar el álbum Panini.
Bajo el sol de la tarde, entre mochilas llenas de sobres, carpetas transparentes y listas interminables de estampas faltantes, niños, adultos, familias completas y coleccionistas experimentados convierten las jardineras del recinto cultural en una auténtica cancha de intercambio mundialista. Ahí no importa la edad, el idioma o el origen; basta con tener repetidas y ganas de negociar.
“¿Tienes a Messi?”, “Cambio a Cristiano por Yamal”, “¿Traes las especiales?”, son frases que rebotan constantemente entre los grupos de aficionados que recorren el lugar buscando esa pieza imposible que no aparece ni después de decenas de sobres abiertos.
La escena parece sencilla, pero refleja algo mucho más profundo: el álbum del Mundial sigue siendo uno de los rituales colectivos más poderosos alrededor del futbol. En plena era digital, donde prácticamente todo puede conseguirse desde una app, cientos de personas siguen prefiriendo verse cara a cara para intercambiar cromos, conversar y presumir sus colecciones como hace décadas.
Mientras algunos llegan con aplicaciones para organizar sus estampas, otros mantienen viva la vieja escuela: hojas impresas, plumas y bolsas repletas de repetidas sujetas con ligas. Y aunque las figuras más buscadas alcanzan precios de hasta 200 pesos, especialmente las de Lionel Messi o Lamine Yamal, el ambiente mantiene un espíritu relajado donde incluso hay quienes regalan estampas a niños pequeños para ayudarlos a completar páginas.
Ni la lluvia logra romper la dinámica. Cuando el agua cae sobre el Centro Histórico, los coleccionistas simplemente se refugian bajo los arcos de Bellas Artes y continúan negociando como si el tiempo corriera en contra. Porque, en realidad, sí corre: el Mundial está cada vez más cerca.
El intercambio también se volvió multicultural. Entre los grupos se escuchan acentos del norte, del sur, extranjeros, turistas asiáticos y centroamericanos que, aun sin compartir idioma, logran cerrar tratos con señas, celulares y sonrisas improvisadas.
A un costado, las clásicas quinceañeras posan para sus fotos frente al palacio, mezclándose con los llamados “FIFAs”, aficionados que hoy convierten este espacio emblemático en un punto de reunión futbolero.
