El precio de uno de los alimentos más básicos en México podría subir en los próximos días. La tortilla, presente en prácticamente todas las mesas del país, enfrenta presiones que podrían encarecer su costo entre 2 y 4 pesos por kilo, según estimaciones del sector.
La alerta surge tras el anuncio de un incremento en la harina de maíz. A partir del 15 de abril, uno de los principales proveedores ajustará sus precios, elevando el costo por tonelada. Aunque el aumento parece pequeño en papel, su efecto se multiplica en toda la cadena de producción.
Pero el problema no se limita a la harina. En los últimos meses, los insumos clave para las tortillerías han subido de forma constante: gas, transporte, refacciones y materiales. A esto se suma el encarecimiento de las gasolinas, que impacta directamente en la logística y distribución.
El resultado es un escenario complicado para los productores formales. Mientras ellos enfrentan costos de producción que rondan los 22 a 25 pesos por kilo, las tortillerías informales —que operan sin regulaciones ni obligaciones fiscales— pueden ofrecer precios más bajos, generando una competencia desigual.
Este contraste ha encendido las alertas dentro del sector. Los productores advierten que la falta de regulación afecta no solo a los negocios establecidos, sino también al consumidor, al distorsionar el mercado.
Aunque el aumento no será uniforme en todo el país, en zonas como la Ciudad de México y el Estado de México, donde el kilo ya ronda entre 22 y 24 pesos, el impacto podría sentirse con mayor rapidez.
Desde el Consejo Nacional de la Tortilla también se ha hecho un llamado a las autoridades para atender el problema de la informalidad, con el argumento de que una competencia más equilibrada ayudaría a estabilizar los precios.
Al final, el ajuste parece inevitable. Y aunque cada tortillero decidirá si traslada el aumento al consumidor, la tendencia apunta a un encarecimiento progresivo.
