Las calles de San Gregorio Atlapulco fueron escenario de un recorrido poco común: a caballo y acompañada por parte de su gabinete, la jefa de Gobierno Clara Brugada llegó al pueblo originario para escuchar de cerca las preocupaciones de sus habitantes. El mensaje central de la visita fue claro: el gobierno capitalino destinará alrededor de 500 millones de pesos para poner en marcha un plan integral que busca resolver problemas históricos relacionados con el drenaje y el manejo del agua en la zona.
El proyecto, denominado Plan Integral Hídrico, pretende atender una situación que durante años ha afectado a la comunidad: inundaciones recurrentes, infraestructura obsoleta y contaminación en los canales que forman parte del ecosistema de Xochimilco. Según explicó el titular de la Secretaría de Gestión Integral del Agua, José Mario Esparza, los reportes de fallas en el sistema hidráulico recibidos el año pasado evidenciaron que el problema era más profundo que simples reparaciones.
Entre las acciones previstas está la rehabilitación total del drenaje del pueblo, la reconstrucción de colectores que ya superaron su vida útil —algunos con más de tres décadas de funcionamiento— y la ampliación de la capacidad de tratamiento en plantas de la zona, como la de San Pedro. El objetivo es evitar que las aguas residuales lleguen a los canales y afecten el sistema chinampero que caracteriza a la región.
Las autoridades prevén que las obras se desarrollen durante todo el año, con la expectativa de que los trabajos concluyan hacia finales del mismo. Durante la jornada, además, se entregaron mejoras urbanas como la rehabilitación del mercado local, un módulo de policía y nuevas luminarias.
La visita también tuvo un componente simbólico: vecinos acompañaron el recorrido y algunos incluso entregaron flores a la mandataria como gesto de agradecimiento. Más allá de la escena, el reto es mayor. San Gregorio Atlapulco es uno de los pueblos que resisten entre tradición, presión urbana y problemas ambientales.
La inversión anunciada abre una oportunidad para corregir décadas de rezago. Sin embargo, como ocurre con muchos proyectos de infraestructura en la ciudad, la verdadera prueba no será el anuncio, sino que las obras realmente logren cambiar la vida cotidiana de quienes habitan el sur de la capital.
