La estación Tasqueña se convirtió en el punto neurálgico de movilidad en el sur de la Ciudad de México. Desde ahí, el director del Sistema de Transporte Colectivo, Adrián Rubalcava Suárez, encabezó un operativo diseñado para agilizar el traslado de miles de aficionados que se dirigieron al partido entre México y Portugal.
El reto no era menor. Con un evento de alta convocatoria programado por la noche, la prioridad fue evitar saturaciones y mantener flujo constante. Para ello, la Línea 2 del Metro operó con intervalos de apenas dos minutos entre trenes, una frecuencia poco habitual que permitió acelerar el desplazamiento de usuarios hacia el estadio.
Pero la estrategia fue más allá del Metro. En coordinación con distintas dependencias de movilidad, se reforzó la conexión con el Tren Ligero, que mantuvo salidas continuas con capacidad para transportar alrededor de 800 personas por unidad. El objetivo fue claro: crear un sistema articulado que evitara cuellos de botella en los accesos.
La seguridad también jugó un papel clave. Más de 600 elementos policiales fueron desplegados en estaciones y puntos estratégicos para vigilar, orientar y actuar como primeros respondientes ante cualquier incidente. La presencia institucional buscó no solo prevenir riesgos, sino también dar certeza a los usuarios en un contexto de alta concentración.
Desde un puesto de mando instalado en la propia estación, autoridades monitorearon en tiempo real la operación del sistema, ajustando decisiones conforme avanzaba la jornada. La supervisión se mantuvo constante durante toda la tarde y hasta el cierre del servicio.
