Entre concreto, historia y multitudes, el Estadio Azteca también ha sido hogar de una colonia de gatos que, durante años, convivió sin problema con visitantes y trabajadores. Hoy, esa presencia silenciosa está en riesgo. La activista Lucía Hernández encendió la alerta: los felinos podrían ser retirados del recinto sin que exista claridad sobre su destino.
El punto de quiebre llegó con las obras de remodelación. En medio de los preparativos para eventos deportivos —incluido un partido entre la Selección Mexicana y Portugal— comenzaron acciones para despejar el espacio. Según denuncias, el retiro de los animales estaría previsto sin información pública sobre cómo ni a dónde serán trasladados.
En paralelo, una decisión encendió aún más la preocupación: se habría prohibido alimentar a los gatos bajo el argumento de que serán reubicados. Para quienes han seguido de cerca a esta colonia, el mensaje es ambiguo y genera desconfianza. Temen que, sin supervisión adecuada, los animales terminen en condiciones precarias o incluso sean sacrificados.
El estadio, operado por Grupo Ollamani, enfrenta así un dilema que va más allá de la logística. Si bien las obras responden a estándares internacionales y exigencias de eventos de alto perfil, también abren el debate sobre cómo se gestionan los espacios compartidos con fauna urbana.
La responsabilidad, señalan activistas, no recae únicamente en la operación privada. El gobierno capitalino, encabezado por Clara Brugada, también está en la ecuación al autorizar las intervenciones y garantizar el bienestar animal en la ciudad.
