Lo que parecía un incidente aislado en el Golfo de México terminó revelando un rompecabezas con varias piezas sueltas. El derrame de hidrocarburos detectado frente a las costas de Coatzacoalcos no tiene un solo responsable claro, sino al menos tres posibles fuentes que complican el panorama: un buque aún no identificado y dos emanaciones naturales.
De acuerdo con la Secretaría de Marina, el rastro más inquietante apunta a un vertimiento ilegal. Imágenes satelitales detectaron una mancha de combustible en una zona donde al menos 13 embarcaciones estuvieron fondeadas. El problema es que no hay evidencia directa para señalar a una en específico. Cuatro de esos buques siguen en aguas mexicanas y están siendo inspeccionados, mientras que el resto ya navega en aguas internacionales, obligando a México a pedir apoyo externo para dar con el responsable.
Pero la historia no termina ahí. También entran en juego las llamadas chapopoteras, filtraciones naturales de hidrocarburos que, aunque habituales en la región, han mostrado variaciones recientes. Una de ellas, cerca de Coatzacoalcos, se ha comportado de forma intermitente; otra, en la zona de Cantarell, permanece activa y podría ser la que más aporte contaminante ha generado en las últimas semanas.
Mientras se define el origen exacto, las autoridades aseguran que el derrame está contenido. Se han instalado barreras marinas, recolectado más de 400 toneladas de residuos y atendido más de 200 kilómetros de litoral. El impacto ambiental, por ahora, se reporta como limitado, con pocos ejemplares de fauna afectados y sin daños graves confirmados.
