En medio de la presión política generada por los señalamientos de Estados Unidos contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, y la entrega de dos de sus excolaboradores, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó un acto público en Yucatán para enviar un mensaje con tono firme: en México, dijo, las decisiones las toma el pueblo y no los intereses extranjeros.
Durante la inauguración del Hospital General Dr. Agustín O’Horán, la mandataria convirtió un evento de salud pública en una plataforma política para reforzar uno de los ejes discursivos más constantes de la llamada Cuarta Transformación: la defensa de la soberanía nacional.
“Nada ni nadie va a detener la transformación de nuestra patria”, afirmó frente a asistentes y funcionarios, al asegurar que el movimiento que encabeza nació desde la ciudadanía y mantiene como bandera la justicia social y el combate a los privilegios. La presidenta insistió en que quedaron atrás los tiempos en los que pequeños grupos económicos o intereses externos influían en el rumbo del país.
Aunque no mencionó directamente el caso de Rubén Rocha ni las investigaciones relacionadas con exfuncionarios de su entorno, el contexto político dio peso especial a sus palabras. En días recientes, el tema ha escalado por la atención internacional y por las interpretaciones sobre el alcance de las investigaciones impulsadas desde Estados Unidos.
Sheinbaum también retomó una idea que había expresado previamente durante su gira por Yucatán: dentro de su movimiento, sostuvo, no hay espacio para quien no actúe con honestidad. Con ello buscó marcar distancia entre los principios políticos de su administración y los señalamientos que hoy rodean a personajes ligados al oficialismo.
El cierre del discurso llegó con un “¡Viva la soberanía!”, frase que fue recibida con aplausos y que dejó claro el tono del mensaje presidencial.
Más allá de la coyuntura, el episodio refleja cómo la relación entre México y Estados Unidos sigue siendo uno de los temas más sensibles de la agenda política nacional. Porque cuando las investigaciones cruzan fronteras, también lo hacen las tensiones sobre autonomía, poder y legitimidad.
