Entre aplausos, música y ruedas girando al mismo ritmo, la Ciudad de México vivió una jornada distinta: la inauguración de la ciclovía de Calzada de Tlalpan no fue solo un acto oficial, sino una celebración colectiva. Desde el Zócalo capitalino, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, dio el banderazo de salida a la rodada “Gran Tenochtitlán”, acompañada por cientos de ciclistas que tomaron la ciudad desde otra perspectiva.
El mensaje fue claro: recuperar el espacio público no es solo una obra, es un cambio de mentalidad. Brugada destacó el papel de colectivos ciclistas que, durante años, han insistido en transformar la forma de habitar la ciudad. Para ella, subirse a una bicicleta representa mucho más que movilidad: es romper con décadas de diseño urbano centrado en el automóvil.
La nueva ciclovía forma parte de una apuesta mayor por democratizar el tránsito y garantizar el derecho a moverse de manera segura. No ha sido un camino sencillo. La construcción implicó intervenir 34 kilómetros de banquetas y enfrentar resistencias, reflejo de una ciudad que aún se adapta a nuevas formas de convivencia vial. Aun así, el compromiso se mantiene: ampliar la red con 300 kilómetros más.
Tras el arranque oficial, la ciudad cambió de ritmo. Familias enteras, jóvenes haciendo acrobacias, personas con bocinas y hasta mascotas acompañaron el recorrido hacia el estadio Banorte. Aunque no todos usaron la ciclovía, la imagen fue contundente: Tlalpan se llenó de vida.
