Lo que parecía un experimento improbable terminó siendo una noche memorable. El tenor italiano Andrea Bocelli convirtió el Zócalo de la Ciudad de México en un escenario donde la ópera y la música popular no solo convivieron, sino que se celebraron juntas ante más de 130 mil personas.
Desde antes del anochecer, el calor no dio tregua, pero tampoco frenó a quienes llegaron para presenciar el concierto gratuito que conmemoró los 30 años del álbum Romanza. Poco después de las 19:15 horas, Bocelli apareció con elegancia y abrió la velada con un repertorio operístico que transportó al público a otra época. Piezas como “La donna è mobile” y fragmentos de Carmen o Madame Butterfly resonaron en la plancha capitalina, acompañadas por la Orquesta Sinfónica de Minería bajo la dirección de Carlo Bernini.
La primera parte fue un viaje a los grandes teatros europeos, con un ambiente solemne que poco a poco envolvió a los asistentes. Pero la sorpresa estaba guardada para después. En la segunda mitad, el tono cambió y el Zócalo vibró de otra forma: la aparición de Los Ángeles Azules y Ximena Sariñana desató una fusión tan inesperada como efectiva.
Entre cumbia y clásicos reinterpretados, Bocelli demostró que la música no entiende de etiquetas. “Vivo per lei” sonó distinto, más cercano, mientras el público respondía con baile y emoción. El momento culminante llegó con “Con te partirò” y “Nessun dorma”, piezas que cerraron la noche entre aplausos y algunas lágrimas.
