El Zócalo capitalino se transformó en una especie de estadio abierto. Entre gritos de “¡México! ¡México!” y banderas ondeando, familias, turistas y aficionados se reunieron para seguir el partido amistoso entre México y Portugal, en un ambiente que buscaba replicar la emoción de las grandes citas futboleras.
Aunque la convocatoria no alcanzó las cifras esperadas —con cerca de cinco mil asistentes, según estimaciones oficiales—, el ánimo no se quedó corto. Frente a la Catedral Metropolitana, una pantalla monumental y un sistema de sonido envolvente crearon una experiencia inmersiva que acercó el juego a quienes no pudieron asistir al estadio.
Más que un evento aislado, la jornada funcionó como un ensayo general. Autoridades capitalinas dejaron claro que este Fan Fest es apenas una muestra de lo que se prepara para el Mundial 2026, cuando el Zócalo se convierta en el epicentro de celebraciones futboleras a gran escala.
Mientras el partido avanzaba, el espacio también se llenó de actividades paralelas. Niñas y niños participaron en dinámicas deportivas, familias convivieron en un ambiente seguro y visitantes de distintas partes del país y del extranjero encontraron un punto de encuentro donde el futbol fue el pretexto para compartir.
La presencia de la jefa de Gobierno reforzó el mensaje institucional: el Mundial no solo será un evento deportivo, sino una oportunidad para activar espacios públicos y generar convivencia. La apuesta, adelantaron, incluye replicar estos festivales en las 16 alcaldías.
A pesar del frío y de una asistencia moderada, el segundo tiempo encendió los ánimos. Los gritos, la tensión y la emoción lograron conectar a los asistentes con el partido, demostrando que el futbol, incluso fuera del estadio, tiene la capacidad de unir.
