El futuro del comercio en Norteamérica comenzó a definirse en Washington D.C., Estados Unidos. México y Estados Unidos dieron el primer paso en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un acuerdo que no solo regula el intercambio comercial, sino que también marca el rumbo económico de la región.
La reunión fue encabezada por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, quienes acordaron mantener un calendario de encuentros técnicos rumbo al inicio formal del proceso, previsto para el 1 de julio.
En esta primera fase, ambos gobiernos definieron una hoja de ruta enfocada en fortalecer la producción manufacturera en la región y limitar la dependencia de insumos provenientes de fuera de América del Norte. La intención es clara: reforzar las cadenas de suministro locales en un contexto global cada vez más competitivo.
Pero el escenario está lejos de ser sencillo. El tratado, vigente desde 2020, enfrenta presiones políticas importantes. El expresidente Donald Trump ha impulsado medidas arancelarias contra sus socios comerciales y ha dejado abierta la posibilidad de replantear el acuerdo mediante negociaciones bilaterales.
Este contexto añade incertidumbre a una revisión que definirá si el T-MEC se extiende hasta 2042 o si entra en un proceso más complejo de renegociación que podría prolongarse por años. En juego no solo está el comercio, sino la estabilidad económica de una región que concentra cerca del 30% de la economía mundial.
Para México, la prioridad es clara: mantener el acuerdo vigente y eliminar los aranceles que afectan sectores estratégicos. La estrategia, según Ebrard, se basa en firmeza y pragmatismo.
Sin embargo, más allá de los discursos, la revisión del T-MEC refleja una realidad más amplia: el comercio internacional ya no se negocia solo con números, sino con intereses geopolíticos, tensiones internas y nuevas reglas del juego.
