Las recientes declaraciones de Donald Trump, en las que minimizó la importancia del T-MEC para Estados Unidos, no pasaron desapercibidas en Palacio Nacional. Sin embargo, lejos de escalar el discurso, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por una respuesta mesurada y anclada en un argumento clave: la profunda integración económica entre México y su vecino del norte.
Sheinbaum dejó claro que, más allá de los dichos políticos, el tratado comercial sigue siendo defendido por quienes más lo utilizan: los empresarios estadounidenses. Para la mandataria, esa es la mejor prueba de que el acuerdo no solo sigue vigente, sino que resulta funcional para ambas economías. México, dijo, también lo respalda porque la relación comercial entre ambos países es intensa, cotidiana y difícil de sustituir.
Sin entrar en confrontaciones directas, la presidenta subrayó que existe confianza en el rumbo económico del país y en la continuidad de la relación con Estados Unidos. Aseguró que el tema del T-MEC no ha sido motivo de fricción ni en reuniones formales ni en conversaciones directas con autoridades estadounidenses, lo que contrasta con el ruido que suele generarse desde los discursos de campaña.
En el mismo tono, Sheinbaum aprovechó para desmentir versiones que circulan en algunos medios sobre supuestos retiros de visas a políticos mexicanos. Aclaró que no existe información oficial al respecto y que, en caso de darse una situación así, corresponde únicamente al gobierno estadounidense informarlo, ya que se trata de un asunto bilateral entre la persona y ese país.
El mensaje es claro: frente a declaraciones estridentes, el gobierno mexicano apuesta por la estabilidad y los hechos. En un contexto donde la política suele adelantarse a la realidad, la economía parece marcar el ritmo. Y mientras las cadenas productivas sigan cruzando la frontera todos los días, el T-MEC seguirá siendo más que un tratado: será una necesidad compartida.
