A unos días de su traslado, los 304 perros rescatados del Refugio Franciscanos comienzan a mostrar señales alentadoras en su nuevo hogar: el albergue ambiental del Ajusco, en la alcaldía Tlalpan. Lejos del hacinamiento y el abandono, los animales han empezado a adaptarse al espacio, mientras reciben atención médica constante y cuidados especializados.
El médico veterinario Roberto Cordero, director del Hospital Veterinario de la Ciudad de México, explicó que todos los ejemplares fueron revisados desde su llegada. La mayoría presenta padecimientos en la piel, lesiones visibles y problemas de salud acumulados por el tiempo que pasaron en condiciones precarias. Nada fuera de lo esperado, pero sí suficiente para activar un protocolo de atención integral.
Para ello, un equipo de 15 médicos veterinarios trabaja en turnos continuos, las 24 horas del día, elaborando expedientes clínicos individuales y aplicando tratamientos específicos según las necesidades de cada perro. La prioridad, subrayó Cordero, es garantizar una recuperación digna y sostenida, acorde con el compromiso institucional de bienestar animal.
El grupo es diverso: alrededor de una cuarta parte son perros de edad avanzada, la mayoría tiene entre cinco y seis años y el resto son jóvenes. Todos cuentan con techo, alimento, agua y hasta juguetes, elementos clave para su rehabilitación física y emocional.
En medio de este proceso, en redes sociales han circulado videos que cuestionan las condiciones de otros perros rescatados y trasladados a distintos puntos de la ciudad. Ante ello, la Secretaría del Medio Ambiente aclaró que los espacios continúan en adecuación, tal como ocurrió inicialmente en el Ajusco.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una reflexión necesaria: rescatar es solo el primer paso. La verdadera prueba está en sostener, mejorar y vigilar las condiciones que permitan a estos animales recuperar algo que les fue negado por años: una vida digna.
