A partir del 2 de marzo, el acceso a la atención médica en México dará un giro relevante. El gobierno federal pondrá en marcha la credencial del Servicio Universal de Salud, un documento que permitirá a las personas recibir atención en distintas instituciones públicas, sin importar si son derechohabientes del IMSS, ISSSTE u otro sistema.
La idea es sencilla: una sola identificación para no quedarse sin consulta. Eduardo Clark, subsecretario de Integración Sectorial de la Secretaría de Salud, explicó que la credencial contará con versión física y digital, de modo que los usuarios puedan atenderse incluso si no llevan el plástico consigo. El registro incluirá datos básicos como nombre, CURP, fecha de nacimiento y un código QR que facilitará la validación y sugerirá la clínica más cercana, aunque se mantendrá la unidad de origen.
Uno de los puntos clave es el historial clínico compartido. Con esta base de datos, los médicos podrán consultar antecedentes y tratamientos previos, evitando repetir estudios y acelerando la atención. La apuesta es ahorrar tiempo, recursos y, sobre todo, complicaciones para los pacientes.
El proceso iniciará primero en 14 estados con servicios de salud federalizados y se extenderá a otras entidades en las semanas siguientes. En total, se instalarán casi 2 mil 500 módulos y participarán más de 14 mil servidores de la nación para registrar a cerca de 98 millones de personas. El plan contempla concluir la credencialización en diciembre.
No todos los estados se han sumado aún. En las entidades donde persisten sistemas estatales, la incorporación dependerá de la decisión de cada gobierno local, con una condición clara: que los servicios sean gratuitos.
La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que la universalización será gradual y requerirá inversión, pero subrayó que este primer paso abre la puerta a un sistema de salud más integrado. El reto, ahora, será que la credencial no se quede solo en el papel y realmente se traduzca en atención oportuna y de calidad para todos.
