En medio de un nuevo episodio de tensión regional, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que México dejará de enviar petróleo a Cuba. La afirmación llegó desde el Despacho Oval, donde el mandatario habló del estado económico de la isla y del endurecimiento de la estrategia energética de Washington hacia el gobierno de La Habana.
Trump describió a Cuba como un país en crisis profunda, sin respaldo financiero ni apoyo petrolero de sus aliados tradicionales. Según su versión, el suministro venezolano ya no existe y, ahora, México también se retiraría del mapa energético cubano. “Es una nación en bancarrota”, lanzó el presidente, antes de afirmar que el envío de crudo mexicano llegará a su fin.
Las declaraciones coinciden con información reciente sobre la suspensión de un embarque de Pemex rumbo a la isla, parte de los envíos mensuales que México había mantenido en los últimos meses. Para Trump, este escenario refuerza la presión sobre el gobierno de Miguel Díaz-Canel, al dejarlo con pocas alternativas para sostener su sistema energético.
El mandatario estadounidense también reveló que su gobierno mantiene conversaciones con autoridades cubanas. Dijo que las negociaciones avanzan y que uno de los posibles resultados sería flexibilizar las visitas de cubanos residentes en Estados Unidos a su país de origen. En su narrativa, la escasez de petróleo sería el empujón definitivo para que Cuba busque un acuerdo.
Estas declaraciones se producen después de que Trump firmara una orden ejecutiva para imponer aranceles a cualquier país que suministre crudo a la isla, como parte de su política de presión económica. Sin embargo, el discurso del presidente choca con la postura del gobierno mexicano. Claudia Sheinbaum ha reiterado que México mantendrá su ayuda a Cuba por razones humanitarias y que no existe, hasta ahora, un acuerdo formal para suspender el envío de petróleo.
El contraste entre los dichos desde Washington y la cautela desde México deja una pregunta abierta: ¿se trata de un movimiento ya pactado o de otra carta de presión en el tablero político internacional? Por ahora, la respuesta sigue flotando, igual que el futuro energético de la isla.
