La Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, acudió a las instalaciones de la Brigada de Vigilancia Animal (BVA) para supervisar personalmente las condiciones en las que se encuentran los perros rescatados del Refugio Franciscano. Ahí funciona el tercer albergue habilitado para este operativo, un espacio adaptado para recibir hasta 900 animales y que hoy alberga a 371 canes que ya reciben atención médica, alimento y seguimiento diario.
Durante el recorrido, Brugada reconoció que el tema ha generado polémica, pero fue enfática: la prioridad es el bienestar animal. Señaló que el lugar cuenta con personal capacitado, ambiente adecuado y condiciones suficientes para atender a seres sintientes que, en muchos casos, llegaron con problemas de salud acumulados por años. Por ello, hizo un llamado a la ciudadanía y a colectivos animalistas para sumar ideas y mantener una vigilancia social abierta.
La mandataria destacó que el albergue cumple con los criterios de la Ley de Bienestar Animal, que garantizan salud física y emocional, alimentación adecuada, espacios seguros y procesos de rehabilitación conductual. Los primeros perros trasladados ya fueron identificados y evaluados por veterinarios, quienes confirmaron que la mayoría presenta algún padecimiento que requiere atención constante.
La secretaria del Medio Ambiente, Julia Álvarez Icaza, detalló que de los 858 perros rescatados, 304 están en el Refugio del Ajusco, 183 en la Utopía GAM y 371 en la BVA. Para su cuidado se desplegó un equipo de 60 veterinarios y más de 110 personas encargadas de limpieza y manejo, con atención las 24 horas. Aunque la mayoría se encuentra en condición regular, hay casos delicados bajo tratamiento especializado.
Desde la Secretaría de Seguridad Ciudadana se informó que el objetivo es claro: recuperar, rehabilitar y preparar a los animales para la siguiente etapa, la adopción responsable. Más allá de cifras y traslados, el caso deja una lección incómoda pero necesaria: rescatar implica también transparencia, paciencia y un compromiso sostenido para no repetir historias de abandono disfrazadas de buenas intenciones.
