La instalación de la Comisión Permanente del Congreso de la Ciudad de México no fue un trámite protocolario. Desde el primer día quedó claro que el debate político iba a subir de tono, con un choque frontal entre dos visiones opuestas sobre América Latina: la defensa de la soberanía nacional frente a la normalización de la injerencia extranjera.
Desde la tribuna, la diputada Brenda Ruiz Aguilar, vicecoordinadora de Morena, lanzó una condena directa a la incursión militar de Estados Unidos en Venezuela y al presunto secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Su mensaje fue contundente: no se trataba de simpatías ideológicas, sino de principios básicos del derecho internacional. Para Morena, dijo, la autodeterminación de los pueblos y la convivencia pacífica entre naciones no son negociables.
Ruiz Aguilar respaldó su postura con palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum, al recordar que la soberanía no es un concepto flexible ni sujeto a conveniencia política. En ese marco, advirtió que permitir este tipo de acciones abre la puerta a un escenario peligroso, donde la fuerza sustituye al diálogo y la diplomacia queda relegada.
La respuesta desde la oposición no tardó. El panista Raúl de Jesús Torres restó importancia a los intereses geopolíticos detrás de la incursión y llegó a reproducir discursos de presión contra México, sugiriendo que “algo se tiene que hacer” con el país. A esa línea se sumó el priista Omar Alejandro García, quien calificó a Venezuela como una advertencia para México, reforzando una narrativa que justifica intervenciones externas.
Para Morena, el mensaje es claro: la relación con Estados Unidos debe construirse desde la cooperación, no desde la subordinación. La historia latinoamericana, recordó Ruiz Aguilar, está marcada por la resistencia y la dignidad. El debate dejó una frase que resume el fondo del conflicto: colaborar, sí; intervenir y someter, no. Una discusión que, lejos de cerrarse, apenas comienza.
