La discusión sobre una nueva reforma electoral tomó forma esta semana luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum confirmara que su propuesta no contempla mantener las tradicionales listas plurinominales definidas por los partidos. La intención, explicó, es modificar la manera en que se asignan estos espacios sin desaparecer la representación proporcional.
Desde el Ejecutivo se plantea que el Senado recupere un “sentido más republicano”, lo que implicaría eliminar los escaños asignados mediante listas partidistas. La lógica detrás del cambio es sencilla: reducir el control de las cúpulas políticas sobre quién llega al Congreso.
Sheinbaum dejó claro que la iniciativa no busca reducir la pluralidad ni alterar el equilibrio del sistema legislativo. La Cámara de Diputados seguiría conformándose por 500 integrantes: 300 electos directamente en sus distritos y 200 asignados según el porcentaje de votos que obtenga cada fuerza política.
La diferencia radica en el mecanismo. En lugar de que esos espacios se repartan mediante listas previamente definidas por los partidos, la propuesta contempla que se asignen a partir de resultados concretos en las elecciones, como los candidatos que quedaron en segundo o tercer lugar.
La mandataria reconoció que habrá resistencias, especialmente de partidos que ven en el modelo actual una vía segura de acceso al poder legislativo. Sin embargo, sostuvo que la iniciativa responde a un compromiso asumido desde campaña.
En medio del debate, también rechazó que el proyecto implique la creación de un partido dominante o la desaparición de la representación proporcional. El objetivo, insistió, es ajustar el método, no el principio.
