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Sheinbaum en Puebla: salarios al alza y programas sociales como giro de fondo

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Durante su gira por Puebla, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó el encuentro con miles de asistentes para insistir en una idea central de su proyecto: el cambio en la política salarial y social marcó el fin de décadas de abandono hacia los sectores populares. Según explicó, la pobreza no fue resultado de la falta de esfuerzo, sino de un modelo económico que dejó a millones fuera del desarrollo.

Desde el inicio de la llamada Cuarta Transformación, recordó, la prioridad se colocó en quienes menos tenían. Bajo el lema “por el bien de todos, primero los pobres”, se impulsó una estrategia que combinó aumento al salario mínimo y programas sociales. El dato más contundente: en 2018 el salario mínimo rondaba los 3 mil pesos mensuales y, para enero de 2026, alcanzó los 9 mil pesos, un incremento real del 150 por ciento.

Sheinbaum destacó que este ajuste no fue aislado. Los apoyos sociales iniciados en el sexenio anterior permitieron que alrededor de 13.5 millones de personas salieran de la pobreza. Por eso, afirmó, mantener esa visión no es un discurso político, sino una decisión basada en resultados visibles para millones de familias.

Otro punto clave fue la transformación legal de estos programas. Hoy, explicó, los apoyos sociales son derechos constitucionales, lo que significa que ya no dependen de colores partidistas ni de decisiones discrecionales. La lógica, dijo, es sencilla: nadie debe quedarse atrás y la riqueza del país debe distribuirse con mayor equilibrio.

La presidenta también aprovechó para responder a viejos temores del modelo neoliberal. Aseguró que los aumentos salariales no provocaron inflación descontrolada ni ahuyentaron inversiones. Al contrario, señaló que la inflación se mantiene estable, la inversión extranjera sigue llegando y el peso muestra fortaleza.

Finalmente, recordó uno de los principios más repetidos de su movimiento: no puede haber gobierno rico con pueblo pobre. Combatir la corrupción, concluyó, no es solo un asunto ético, sino la vía para que esos recursos regresen a la gente y sostengan un cambio que, asegura, ya es tangible.

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