Cada año, millones de mariposa monarca cruzan miles de kilómetros entre Canadá, Estados Unidos y México, en uno de los fenómenos naturales más impresionantes del planeta. Hoy, esa travesía enfrenta amenazas crecientes, lo que ha obligado a los tres países a coordinar esfuerzos para protegerla.
Desde la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que existe una colaboración activa para resguardar la ruta migratoria de esta especie. El trabajo conjunto involucra a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, que ya apoyan la conservación en zonas clave como los santuarios ubicados en Michoacán y el Estado de México.
Sin embargo, el desafío va más allá del territorio nacional. Durante su paso por Estados Unidos, la monarca enfrenta riesgos que han encendido alertas entre especialistas. El uso de herbicidas como el glifosato reduce la disponibilidad de alimento, mientras que factores como el tráfico vehicular en estados como Texas se han convertido en una causa significativa de mortalidad.
Investigaciones de la Texas A&M University han identificado puntos críticos donde las mariposas mueren con mayor frecuencia. Dos corredores destacan: uno que cruza el centro de Texas y otro que bordea la costa del Golfo. En estas zonas, la combinación de viento, geografía y carreteras incrementa el riesgo.
Además, se ha detectado otro problema: la venta ilegal de ejemplares, una práctica que también pone en peligro a la especie. Frente a este escenario, autoridades y científicos coinciden en que la conservación debe abordarse desde una perspectiva regional, no aislada.
El reto es complejo. La mariposa no entiende de fronteras, pero sí resiente las decisiones humanas en cada tramo de su recorrido. Por eso, las estrategias deben ser compartidas, constantes y basadas en evidencia.
