Moverse desde Milpa Alta hacia el corazón de la Ciudad de México no es cosa menor. Para miles de personas, el trayecto diario puede extenderse hasta tres horas por sentido, una rutina que desgasta, cansa y roba tiempo valioso. Frente a ese escenario, el proyecto del Cablebús se ha convertido en una de las apuestas más relevantes para cambiar la movilidad y, de paso, la calidad de vida en esta zona del sur de la capital.
El alcalde Octavio Rivero lo tiene claro: los recursos públicos son limitados y provienen directamente de los impuestos de la gente, por lo que administrarlos bien no es opcional, es una obligación. En ese camino, explicó que el trabajo conjunto con la ciudadanía ha sido clave para priorizar obras que realmente impacten en la vida cotidiana, como esta nueva línea de transporte.
Hoy, estudiantes, trabajadores y comerciantes deben salir de madrugada para llegar a tiempo a sus destinos. El propio Rivero recordó su experiencia como estudiante, cuando invertía hasta seis horas diarias en traslados. Con el Cablebús, ese panorama cambiaría de forma drástica: el recorrido hacia el Metro Tláhuac podría realizarse en apenas 30 o 35 minutos.
Además de reducir tiempos, el proyecto destaca por ser eléctrico, seguro y de bajo costo. Las cabinas contarán con cámaras de vigilancia, el pasaje será accesible y el trazo evitará zonas rurales y forestales, enfocándose únicamente en áreas urbanizadas.
Uno de los mayores beneficios se verá en las juventudes, que podrán estudiar en distintos puntos de la ciudad sin abandonar sus comunidades. Aunque existen preocupaciones sobre el crecimiento urbano o la llegada de grandes cadenas comerciales, la alcaldía asegura que el desarrollo irá acompañado de la protección del comercio local y de las tradiciones de los pueblos originarios.
