La postura del gobierno mexicano frente a la nueva amenaza arancelaria de Estados Unidos no tardó en hacerse pública. Desde la frontera norte, la presidenta Claudia Sheinbaum expresó su preocupación por la decisión del presidente Donald Trump de imponer sanciones a los países que suministran petróleo a Cuba, una medida que —advirtió— podría tener consecuencias mucho más graves que económicas.
Para la mandataria, el riesgo principal no está en el intercambio comercial, sino en el impacto directo sobre la vida cotidiana de millones de personas en la isla. Hospitales, alimentos y servicios básicos podrían verse seriamente afectados si se corta el suministro energético, lo que abriría la puerta a una crisis humanitaria de gran escala. “Eso es algo que debe evitarse”, remarcó, al subrayar la importancia del diálogo y el respeto al derecho internacional.
Sheinbaum explicó que ya instruyó al canciller Juan Ramón de la Fuente a establecer contacto con el Departamento de Estado estadounidense para conocer con precisión el alcance de la medida y, al mismo tiempo, dejar clara la preocupación de México. El objetivo, dijo, es doble: entender las implicaciones reales de la decisión y evitar que nuestro país se vea arrastrado a un escenario de confrontación o afectaciones comerciales.
Más allá del tablero político, la presidenta insistió en que México mantendrá su histórica postura de solidaridad con el pueblo cubano. Apoyar desde una perspectiva humanitaria, sin poner en riesgo los intereses nacionales, forma parte —afirmó— de los principios de soberanía y autodeterminación que guían la política exterior mexicana.
El mensaje es claro: antes que muros económicos o castigos colectivos, México apuesta por los puentes diplomáticos. En un contexto internacional cada vez más tenso, la advertencia queda sobre la mesa: las sanciones pueden sonar firmes, pero cuando golpean a la población civil, el costo político y humano suele ser mucho más alto que cualquier arancel.
