La espera, ahora sí, llegó a su fin. Tras cuatro años sin futbol americano de temporada regular, la NFL confirmó su regreso a México en diciembre de 2026, marcando un nuevo capítulo en la relación entre la liga y uno de sus mercados internacionales más fieles. El escenario será el renovado estadio Azteca —ahora estadio Banorte—, que vuelve a colocarse en el mapa deportivo global.
El anuncio lo hizo Roger Goodell durante la semana previa al Super Bowl LX en San Francisco. Ahí no solo confirmó el partido en territorio mexicano, sino también la renovación del acuerdo por tres años, con juegos garantizados en 2026, 2027 y 2028. Una señal clara de que México no es una parada ocasional, sino una pieza estratégica en la expansión internacional de la liga.
Aunque todavía no se revelan los equipos que protagonizarán el duelo inaugural de esta nueva etapa, diez franquicias cuentan con derechos de marketing en el país, entre ellas Cowboys, Steelers, Chiefs, 49ers y Dolphins. Esto abre un abanico de posibilidades que mantiene encendida la expectativa entre los aficionados.
Para la NFL México, el anuncio tiene un peso simbólico y emocional. Arturo Olivé, su director general, destacó que el regreso reafirma la conexión histórica con la afición mexicana, una de las más apasionadas fuera de Estados Unidos. No es menor: el último partido en 2022 dejó una postal contundente, con los 49ers dominando a los Cardinals ante un Azteca lleno.
Este será el sexto juego de temporada regular en México, pero la historia comenzó mucho antes. Desde 1978, el país ha sido sede de partidos de pretemporada y momentos clave, incluido el primer juego oficial fuera de Estados Unidos en 2005.
Mientras la NFL suma sedes como Madrid, París o Melbourne, el regreso a México confirma algo evidente: aquí no solo hay público, hay identidad, memoria y un mercado que sigue esperando más que un partido al año. El reto ahora no es volver, sino mantenerse.
