El ring ahora busca convertirse en aula. El Gobierno federal presentó “Boxeando por la Paz”, una estrategia que pretende transformar gimnasios en espacios de prevención social, donde la disciplina deportiva funcione como alternativa frente a la violencia y la falta de oportunidades.
La idea es simple pero ambiciosa: convertir a boxeadores en instructores comunitarios que enseñen gratuitamente a niñas, niños y jóvenes en distintas regiones del país. A cambio, quienes participen recibirán un ingreso mensual equivalente al salario mínimo, además de seguro médico, mientras comparten su experiencia en barrios y colonias.
Desde el gobierno se planteó que el boxeo puede ir más allá del combate y convertirse en una herramienta de cohesión social. En muchas comunidades, estos gimnasios ya operan como puntos de encuentro donde se fomenta respeto, constancia y sentido de pertenencia.
El programa también busca atender una realidad poco visible: la precariedad que enfrentan muchos deportistas en formación. Ingresos irregulares, falta de seguridad social y la constante exposición a lesiones suelen marcar la trayectoria de quienes intentan abrirse camino en este deporte.
En su primera etapa, la iniciativa contempla integrar a cerca de cinco mil boxeadores y abrir espacios para que hasta 100 mil jóvenes accedan a clases sin costo. Las inscripciones estarán disponibles durante febrero, mientras que los entrenamientos comenzarían en marzo.
La apuesta no es menor. Más que formar campeones, el objetivo es canalizar energía, construir comunidad y ofrecer una ruta distinta a quienes podrían verse tentados por la delincuencia. El verdadero desafío será comprobar si el deporte puede sostenerse como política pública más allá del entusiasmo inicial.
