La historia compartida entre España y México volvió al centro de la conversación internacional. Durante una visita al Museo Arqueológico Nacional de Madrid, el rey Felipe VI reconoció que durante la conquista de América se cometieron abusos por parte de los conquistadores españoles, un tema que durante años ha sido motivo de debate diplomático entre ambos países.
Las declaraciones surgieron mientras el monarca recorría la exposición “La Mitad del Mundo. La Mujer en el México Indígena”, una muestra que reúne cerca de 250 piezas provenientes de México y que fue organizada en conjunto por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España y la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
En un diálogo informal con el embajador mexicano en España, Quirino Ordaz, el rey señaló que el proceso histórico de la conquista estuvo marcado por tensiones morales y éticas sobre el ejercicio del poder. “Hubo mucho abuso”, reconoció el monarca, al referirse a los hechos ocurridos durante la expansión colonial española en el continente americano.
Felipe VI explicó que incluso desde los primeros años del dominio español existieron intentos por establecer reglas para proteger a las poblaciones originarias. Sin embargo, admitió que muchas de esas normas no se aplicaron en la práctica, lo que derivó en injusticias y abusos que hoy forman parte del análisis histórico.
El comentario fue interpretado por analistas como un gesto simbólico en medio de una relación diplomática que ha atravesado momentos de tensión en los últimos años. Durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, México solicitó a España ofrecer disculpas por los agravios cometidos durante la conquista, petición que fue rechazada por el gobierno español.
Aquella postura generó un episodio de fricción diplomática que incluso llevó al mandatario mexicano a declarar una “pausa” en las relaciones bilaterales, aunque en la práctica los vínculos políticos y comerciales continuaron.
Las diferencias también se reflejaron en la política reciente. La presidenta Claudia Sheinbaum decidió no invitar al monarca español a su toma de posesión, lo que provocó que el gobierno de España optara por no enviar ningún representante oficial a la ceremonia.
