Mientras en distintos puntos del país se vivieron horas de incertidumbre tras el operativo militar en Jalisco que derivó en la muerte de Nemesio Oseguera, la capital del país optó por enviar un mensaje distinto: normalidad.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, aseguró que la Ciudad de México mantiene sus actividades cotidianas sin alteraciones y exhortó a la población a continuar con su vida diaria sin temor. Escuelas, centros de trabajo, hospitales y sistemas de transporte operan con regularidad, subrayó, en un intento por desactivar el nerviosismo que generaron los hechos violentos registrados en otras entidades.
El llamado surgió tras los bloqueos carreteros y ataques a negocios ocurridos en distintos estados luego del despliegue del Ejército en Tapalpa, Jalisco. Aunque el impacto directo en la capital fue limitado, un vehículo incendiado en la alcaldía Tlalpan sobre la carretera México-Cuernavaca encendió las alertas. Las autoridades capitalinas detuvieron a siete personas, sin confirmar vínculos con los sucesos nacionales.
Pese a ese incidente aislado, el gobierno local reforzó su estrategia preventiva. El Gabinete de Seguridad se mantiene en sesión permanente y se desplegó un operativo conjunto con fuerzas federales para vigilar puntos estratégicos como accesos carreteros y el aeropuerto. Además, continúa el patrullaje en todas las alcaldías.
La narrativa oficial busca contener el miedo y evitar que la desinformación amplifique la percepción de riesgo. Sin embargo, el contraste entre la calma institucional y la violencia registrada en otros estados deja claro que la estabilidad urbana también depende de lo que ocurra más allá de sus fronteras.
Porque en tiempos de crisis nacional, la tranquilidad no solo se administra: también se construye con vigilancia, coordinación y, sobre todo, confianza pública.
