La Ciudad de México ya calienta motores para uno de los mayores retos logísticos y de seguridad de su historia reciente: el Mundial de Futbol 2026. Para el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez Camacho, el desafío es enorme, pero no improvisado. Asegura que la capital llega preparada gracias a dos factores clave: una baja sostenida en índices delictivos y una amplia experiencia en la organización de eventos internacionales.
Aunque el silbatazo inicial será el 11 de junio en el Estadio Banorte, el operativo arrancará antes. A partir del 28 de marzo, con la reapertura del Coloso de Santa Úrsula y un partido amistoso, comenzará un despliegue gradual que crecerá conforme se acerque la llegada de selecciones y visitantes.
El plan incluye patrullajes coordinados con la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad federal, vigilancia reforzada en zonas estratégicas, traslados desde el aeropuerto y un operativo especial del alcoholímetro. La lógica es simple: anticiparse a los riesgos que suelen acompañar eventos masivos, como el aumento en el consumo de alcohol o intentos de venta de drogas.
Vázquez Camacho advierte que no habrá tregua contra el crimen organizado durante el torneo. Al contrario, se reforzará la presencia policial y se lanzarán campañas preventivas dirigidas a turistas, para dejar claro que ciertas conductas no están permitidas. También se contempla el uso de policías encubiertos, vigilancia aérea con helicópteros y operativos especiales de reacción rápida.
La preparación no se limita al despliegue local. Elementos de la SSC recibieron capacitación en países como España, Estados Unidos e India, enfocada en manejo de multitudes, ciberseguridad y control de eventos de alto impacto. La FIFA, por su parte, compartió lineamientos generales y datos sobre dinámicas de las aficiones.
El mensaje es claro: el Mundial se asumirá como una suma de puntos de encuentro que requieren orden, prevención y coordinación. Y aunque la prioridad será la seguridad, la autoridad insiste en que se respetará la libre expresión. El reto no es menor: demostrar que una ciudad vibrante puede ser, al mismo tiempo, una ciudad segura.
