Entre veladoras, estampas religiosas y cartas escritas a mano, así era el ambiente en una de las cabañas atribuidas a Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. El sitio, ubicado en Tapalpa, Jalisco, fue intervenido días después de que el capo fuera abatido en un operativo conjunto del Ejército y la Guardia Nacional.
Los documentos hallados, fechados hasta febrero pasado, muestran un tono íntimo y devoto. En varias cartas, remitentes anónimos pedían a Dios y a San Judas Tadeo protección y salud para el michoacano y su círculo cercano. En una de ellas, escrita en agosto de 2025, se le enviaban bendiciones y mensajes de lealtad “hasta la muerte”, junto con referencias directas al CJNG y a personajes identificados como parte de su entorno.
En otra misiva, fechada meses antes, se citaba el Salmo 91 como escudo espiritual ante cualquier peligro. El texto hablaba de refugio, ángeles custodios y protección divina. En el cuarto donde fue localizada, también había un pequeño altar con imágenes de la Virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo y San Chárbel.
Llamó la atención una mención escrita en mayúsculas sobre “Los Alegres del Barranco”, agrupación que ha estado bajo escrutinio en Jalisco tras proyectar imágenes del capo en un concierto en Zapopan.
El hallazgo retrata un contraste: mientras la estructura criminal operaba con violencia, en su espacio privado predominaban símbolos de fe y mensajes de protección espiritual. La escena deja una reflexión inevitable sobre cómo, incluso en los círculos más oscuros del crimen organizado, la religión se convierte en refugio simbólico frente a un destino que, al final, no distingue plegarias.
