En una ciudad que genera miles de toneladas de desechos al día, el verdadero reto no es solo recolectarlos, sino aprender a manejarlos mejor. Por eso, el Congreso de la Ciudad de México dio un paso más para reforzar el nuevo modelo de separación de basura, vigente desde enero de este año.
La Comisión de Alcaldías y Límites Territoriales aprobó por unanimidad un exhorto para que las 16 demarcaciones intensifiquen la difusión de este esquema, aunque con un matiz importante: cada alcaldía deberá hacerlo según su presupuesto disponible. La propuesta fue impulsada por la diputada Elizabeth Mateos Hernández, quien subrayó que el desafío es constante ante las cerca de 8 mil 500 toneladas de residuos que llegan diariamente a estaciones de transferencia.
Más allá de cifras, el objetivo es cambiar la forma en que se entiende la basura. La apuesta es dejar atrás la idea de que todo es desperdicio y avanzar hacia una cultura donde los residuos, bien separados, se conviertan en recursos aprovechables. Para lograrlo, la información juega un papel clave: si la ciudadanía no conoce cómo y cuándo separar, el sistema pierde efectividad.
El modelo establece días específicos para cada tipo de desecho. Los orgánicos —como restos de comida o poda— se recolectan martes, jueves y sábado. En cambio, los inorgánicos, reciclables y no reciclables, se recogen lunes, miércoles, viernes y domingo. Esta organización busca hacer más eficiente el servicio de limpia y facilitar el tratamiento adecuado de los residuos.
La medida también incluye ajustes para no generar presión financiera adicional, como lo propuso la legisladora Juana María Juárez López. Sin embargo, el éxito no dependerá solo de las autoridades.
Al final, la ecuación es simple: sin participación ciudadana, no hay sistema que funcione. Separar la basura puede parecer un gesto pequeño, pero en una ciudad como la capital, se convierte en una acción con impacto colectivo. Y ahí está el verdadero cambio pendiente: pasar de la obligación… al hábito.
