La madrugada del 25 de enero no fue una más para el personal del Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales (Cepropie). Mientras transitaban por una autopista de San Luis Potosí, integrantes del equipo responsable de la cobertura audiovisual de las actividades de la presidenta Claudia Sheinbaum fueron interceptados por sujetos armados y despojados de su equipo de grabación.
El ataque ocurrió en plena carretera, cuando los trabajadores —adscritos a la Secretaría de Gobernación— fueron obligados a detenerse. Sin mayores explicaciones, los agresores se llevaron cámaras y equipo técnico antes de huir. La Fiscalía General de la República confirmó los hechos y abrió una carpeta de investigación por robo, aunque el episodio dejó más preguntas que respuestas.
Días después, la propia FGR informó que el equipo fue localizado y recuperado gracias a un operativo de la Guardia Nacional. Los objetos aparecieron abandonados en un paraje del municipio de Guadalcázar, a unos 28 kilómetros del punto donde ocurrió el asalto. Hasta ahora, no se ha reportado la detención de personas relacionadas con el caso.
El incidente no solo expuso la vulnerabilidad de quienes trabajan en coberturas oficiales, sino que volvió a poner sobre la mesa un problema de fondo: la inseguridad en las carreteras del país. San Luis Potosí forma parte de un grupo de estados donde los robos en autopistas son cada vez más frecuentes. A esta lista se suman el Estado de México, Puebla, Guanajuato, Jalisco y Veracruz, zonas clave para el comercio y la logística nacional.
De acuerdo con reportes del sector, estos corredores se han convertido en rutas de alto riesgo, donde operan bandas delictivas que afectan tanto a transportistas como a automovilistas comunes. El impacto va más allá del susto: eleva costos, altera rutas y termina reflejándose en la economía cotidiana.
El asalto al personal de Cepropie fue un recordatorio incómodo: en México, ni siquiera los caminos ligados al poder están exentos de la violencia que recorre las carreteras. La pregunta ya no es dónde ocurre, sino cuándo dejará de ser parte del paisaje.
