La tarde de este domingo la Ciudad de México volvió a escuchar un sonido que nadie ignora: la alerta sísmica. Minutos después, la información oficial confirmó que se trató de un movimiento telúrico con magnitud preliminar de 5.7, cuyo epicentro se localizó a 19 kilómetros al noreste de Puerto Escondido, Oaxaca, según datos del Servicio Sismológico Nacional.
Como marca el protocolo, la activación de la alerta puso en marcha una reacción inmediata. El secretario de Seguridad Ciudadana informó en redes sociales que se desplegaron los procedimientos de seguridad habituales, incluidos sobrevuelos de cóndores para supervisar la ciudad desde el aire y detectar posibles afectaciones.
Desde el gobierno capitalino, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, detalló que se activaron de forma coordinada los protocolos de emergencia, seguridad y comunicación. En estas tareas participaron dependencias clave como la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, el C5, Semovi, Seguiagua y la Secretaría de Obras y Servicios, con el objetivo de revisar la infraestructura y garantizar la seguridad de la población.
Horas después, el balance fue tranquilizador. La secretaria de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, Myriam Urzúa, informó que no se registraron daños ni afectaciones en la capital. Esto, tras establecer comunicación directa con las unidades de Protección Civil de las alcaldías, como parte del Plan de Emergencia Sísmica.
La propia jefa de Gobierno confirmó que, luego de los primeros recorridos terrestres y aéreos en las cinco zonas de la ciudad, no se reportaron incidentes relevantes. Todo quedó en un recordatorio más de que la capital vive en una zona sísmica activa.
El episodio cerró sin daños, pero con una lección recurrente: la prevención y la coordinación siguen siendo la mejor defensa. La alerta cumplió su función y la ciudad respondió. El reto, como siempre, es no bajar la guardia cuando el suelo decide moverse.
