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CDMX quiere que las bocinas del C5 ahora también alerten por inundaciones

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Las lluvias ya no solo pondrán a prueba el drenaje de la capital, también activarán una nueva estrategia de prevención. El gobierno de la Ciudad de México busca transformar las bocinas del C5 en un sistema de alertamiento territorial capaz de advertir a la población sobre posibles inundaciones antes de que el agua colapse calles, viviendas y vialidades.

La propuesta fue presentada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, durante el arranque del Operativo Tlaloque 2.0 en el Monumento a la Revolución, donde decenas de brigadas, vehículos especializados y equipos hidráulicos fueron desplegados para enfrentar la temporada de lluvias de este año.

La intención es utilizar la infraestructura de altavoces ya instalada en distintos puntos de la ciudad para emitir avisos preventivos en colonias identificadas históricamente como zonas de alto riesgo. La meta: ganar minutos valiosos antes de que los encharcamientos se conviertan en emergencias mayores.

“Podemos usar estas alertas para avisar en lugares donde sabemos que existe riesgo de inundación”, explicó Brugada al instruir al C5 y a la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos a desarrollar el nuevo mecanismo de advertencia.

La estrategia forma parte del reforzamiento del Operativo Tlaloque 2.0, que este año contará con una inversión superior a los 3 mil 300 millones de pesos destinados a infraestructura, prevención y atención de contingencias. Según autoridades capitalinas, el presupuesto prácticamente duplica los recursos utilizados anteriormente para enfrentar las lluvias.

El secretario de Gestión Integral del Agua, José Mario Esparza, detalló que el operativo incorpora maquinaria de mayor capacidad, entre ella bombas tipo Hércules, camiones especializados, retroexcavadoras, unidades de desazolve y equipos hidroneumáticos capaces de responder con mayor rapidez en zonas críticas.

En total, la ciudad pasó de contar con 45 equipos especializados a más de 300 unidades operativas listas para atender emergencias relacionadas con inundaciones y acumulación de agua.

Además, la administración capitalina mantiene activos 56 puntos de monitoreo conocidos como “Ehécatl”, ubicados estratégicamente en alcaldías donde históricamente se registran mayores afectaciones por lluvias intensas. En estos sitios trabajan brigadas permanentes encargadas de supervisar presas, lumbreras, pasos a desnivel y colectores de drenaje.

La apuesta tecnológica refleja una realidad que la capital ya no puede ignorar: las lluvias dejaron de ser eventos aislados y ahora representan desafíos urbanos cada vez más complejos. Entre el cambio climático, el crecimiento de la ciudad y una infraestructura hidráulica constantemente exigida, la prevención se volvió tan importante como la reacción.

Porque en una ciudad donde una tormenta puede paralizar avenidas enteras en minutos, avisar a tiempo podría marcar la diferencia entre una molestia pasajera y una emergencia de gran escala.

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