La fachada del Palacio de Bellas Artes amaneció convertida en un enorme escenario de protesta ambiental. Entre cuerdas, andamios y una manta monumental desplegada frente al recinto cultural más emblemático del país, activistas de Greenpeace México lanzaron un mensaje directo a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales: detener el megaproyecto turístico “Perfect Day”, impulsado por la empresa Royal Caribbean en Mahahual, Quintana Roo.
La lona colocada por los activistas resumía el tono de la protesta con una frase provocadora: “Toboganes o protección ambiental, esa es la cuestión”. Con ello, Greenpeace buscó presionar públicamente a la Semarnat, que actualmente analiza la Manifestación de Impacto Ambiental del proyecto turístico que pretende instalarse en una de las zonas ecológicas más sensibles del sur del país.
La acción reunió a escaladores especializados que descendieron desde los andamios colocados frente al recinto mientras decenas de personas observaban cómo Bellas Artes se transformaba simbólicamente en el centro de una discusión nacional sobre turismo, desarrollo y conservación ambiental.
De acuerdo con Greenpeace, el proyecto “Perfect Day” podría generar afectaciones severas en manglares, arrecifes y ecosistemas marinos vinculados con la Selva Maya. La organización alertó que las obras contemplan cimentaciones profundas y posibles daños al sistema kárstico y al acuífero de Mahahual, una región que además alberga especies protegidas como el jaguar y la tortuga blanca.
En respuesta, la Semarnat informó que el proyecto todavía no cuenta con autorización ambiental y aclaró que el proceso continúa en fase de análisis técnico. La dependencia aseguró que revisa observaciones relacionadas con infraestructura, medidas de mitigación y riesgos ambientales, además de considerar más de 14 mil opiniones ciudadanas enviadas durante la consulta pública.
Mientras tanto, activistas insistieron en que el caso representa mucho más que la aprobación de un parque turístico. Para ellos, la discusión de fondo es si el país seguirá apostando por modelos de turismo masivo que han dejado huellas irreversibles en distintas zonas de la Península de Yucatán.
La protesta también dejó una imagen poderosa: Bellas Artes convertido en símbolo de una disputa entre desarrollo económico y protección ambiental. Porque detrás de los discursos sobre inversión y turismo, la verdadera pregunta sigue siendo incómoda y urgente: cuánto territorio natural está dispuesto a sacrificar México en nombre del progreso.
