El impacto de la pandemia sigue pasando factura en las aulas. A varios años del cierre de escuelas, estudiantes de nivel básico en México arrastran un rezago que equivale a entre cuatro y cinco ciclos escolares, una brecha que ya se refleja en habilidades fundamentales como lectura y matemáticas.
El diagnóstico surge tras la aplicación de miles de evaluaciones académicas realizadas por el instituto Kumon en distintas regiones del país. Los resultados muestran escenarios preocupantes: alumnos de grados avanzados con dificultades para realizar operaciones básicas o comprender textos simples, lo que evidencia una afectación más profunda de lo previsto.
Para Luis Chiba Ramayoni, vicepresidente senior de la organización en México y Centroamérica, el origen del problema es claro: la interrupción abrupta de clases presenciales durante la emergencia sanitaria por COVID-19. La transición acelerada hacia modelos virtuales dejó fuera a miles de estudiantes, ya sea por falta de acceso o por limitaciones en el seguimiento educativo.
El rezago no solo es académico, también plantea un desafío estructural. De no atenderse, advierten especialistas, podría traducirse en consecuencias a largo plazo: menor preparación profesional, reducción de oportunidades laborales y un impacto directo en la competitividad del país. En términos simples, lo que hoy ocurre en las aulas podría reflejarse en el mercado laboral dentro de una década.
El tema no es aislado. Organismos internacionales como la UNESCO ya habían alertado sobre pérdidas de aprendizaje en América Latina tras la pandemia, aunque en el caso mexicano las brechas parecen más amplias, especialmente en contextos con menor acceso a herramientas digitales.
Ante este panorama, la respuesta apunta a la corresponsabilidad. Expertos coinciden en que el reto no recae únicamente en el sistema educativo, sino que requiere la participación coordinada de autoridades, docentes, familias e incluso el sector privado. Mientras tanto, iniciativas como plataformas digitales buscan acelerar la recuperación, aunque el tamaño del rezago sugiere que el proceso será gradual.
Más que una cifra, el dato revela una realidad incómoda: el aprendizaje perdido no se recupera automáticamente con el regreso a clases. Requiere estrategia, inversión y tiempo.
