Mientras las autoridades descartan negligencia, los números cuentan otra historia que no pasa desapercibida. En los zoológicos de la Ciudad de México, administrados por la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, la vigilancia sobre el bienestar animal ha ido a la baja, justo en un periodo donde también se acumulan cientos de muertes.
Las llamadas Evaluaciones del Bienestar —clave para revisar la salud física, el comportamiento y el entorno de los animales— han disminuido de forma sostenida en los últimos años. De 142 revisiones en 2020, la cifra cayó hasta apenas 51 en 2025. El descenso ha sido generalizado en los recintos de Chapultepec, San Juan de Aragón y Los Coyotes, lo que abre cuestionamientos sobre la capacidad de seguimiento en estos espacios.
En paralelo, los datos oficiales revelan que entre octubre de 2024 y diciembre de 2025 murieron 384 animales en cautiverio. La mayoría de los casos se concentraron en Chapultepec, seguido por Aragón y, en menor medida, Los Coyotes. Las causas más comunes reportadas son infecciones, problemas metabólicos y “choque”, un término que ha generado dudas entre activistas por su falta de precisión.
El perfil de las especies también preocupa. Muchas de las pérdidas corresponden a animales pequeños, endémicos y protegidos —como ajolotes, teporingos, tortugas, aves y murciélagos—, aunque también se registran ejemplares de mayor tamaño como lobos, ocelotes y antílopes.
Aunque la autoridad insiste en que los zoológicos funcionan como centros de conservación, la combinación de menos evaluaciones y más defunciones deja un debate abierto. En un contexto donde la protección animal es cada vez más exigida por la sociedad, la transparencia ya no basta: lo que está en juego es la confianza en instituciones que deberían garantizar, sin margen de duda, la vida digna de las especies bajo su cuidado.
