En una de las zonas más rurales de la Ciudad de México, donde el nopal es símbolo de identidad y la vida comunitaria marca el ritmo, un proyecto enfocado en la niñez logró cruzar fronteras. El alcalde de Milpa Alta, Octavio Rivero Villaseñor, fue reconocido con el Premio Intercontinental de Alcaldes y Gobernadores, un galardón que pone en el mapa a su estrategia dirigida a las primeras infancias.
El reconocimiento no llegó por casualidad. Detrás está “Bebe Digno”, una iniciativa que apuesta por atender una deuda histórica: el rezago educativo y emocional en niñas y niños de la demarcación. A través de la creación de las llamadas “bebetecas”, el gobierno local ha impulsado espacios donde el aprendizaje se mezcla con el juego y la convivencia familiar.
Lejos de funcionar como guarderías tradicionales, estos espacios buscan algo más profundo: fortalecer el desarrollo emocional, motriz y social desde los primeros años de vida. Aquí, madres, padres e hijos participan juntos en actividades que van desde estimulación temprana hasta juegos didácticos y enseñanza del náhuatl, reforzando no solo habilidades, sino también identidad cultural.
Rivero Villaseñor destacó que este modelo no se construyó desde una oficina, sino desde la comunidad. La participación activa de las familias ha sido clave para consolidar un proyecto que, según el propio alcalde, ya comienza a generar cambios visibles en el tejido social.
El contexto no es menor. Milpa Alta, pese a su riqueza natural y productiva, ha enfrentado rezagos históricos en materia educativa. Apostar por la infancia no solo atiende el presente, sino que redefine el futuro de la demarcación.
Más allá del premio, el verdadero desafío será sostener y replicar este modelo. Porque si algo deja claro esta experiencia, es que invertir en la niñez no debería ser la excepción que se premia, sino la regla que se exige.
