La noche del miércoles, el cielo de Kyiv volvió a teñirse de rojo con una de las ofensivas más letales en lo que va del año. Al menos 21 personas murieron, entre ellas cuatro menores de edad, tras un ataque masivo con misiles y drones por parte de las fuerzas rusas. La operación dejó además decenas de heridos y serios daños en infraestructuras residenciales, diplomáticas y de servicios básicos en la capital ucraniana.
Más de 30 misiles y cerca de 600 drones fueron lanzados contra distintos puntos del país. Uno de los impactos más graves se registró en un edificio de cinco plantas habitado por más de 100 personas. Parte de la estructura colapsó y, hasta el cierre de esta nota, los equipos de emergencia seguían con labores de búsqueda.
El bombardeo también afectó instalaciones diplomáticas, incluyendo edificios de la Unión Europea y el consulado británico. Desde Londres, el gobierno del Reino Unido condenó los ataques como “indignantes” y convocó al embajador ruso para exigir explicaciones.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, acusó a Moscú de elegir “la balística en lugar de la diplomacia” y llamó a la comunidad internacional a endurecer las sanciones contra el Kremlin. Mientras tanto, desde el gobierno ruso se insistió en que la “operación militar especial” continúa y que los objetivos fueron “instalaciones militares”, sin mencionar las zonas residenciales atacadas en Kyiv.
Testigos narraron escenas de terror. “Estaba durmiendo cuando escuché la explosión”, contó Aliona Guseva, una habitante del centro de la capital. “Tengo miedo, pero no pienso irme. Esta es mi casa”.