El reloj legislativo avanzó este martes hacia uno de los cambios laborales más relevantes de las últimas décadas. En comisiones, el Senado aprobó por unanimidad la reforma constitucional que reduce de manera gradual la jornada semanal a 40 horas, un dictamen que ya fue enviado a la Mesa Directiva y quedó listo para su votación en el pleno este miércoles.
Aunque bancadas como PRI, PAN y Movimiento Ciudadano habían expresado reservas, finalmente respaldaron la propuesta presidencial, con un único ajuste de forma relacionado con lenguaje incluyente. No obstante, dejaron clara su exigencia: que la modificación constitucional venga acompañada, sin demora, de cambios a la Ley Federal del Trabajo.
Durante la discusión, legisladores de oposición advirtieron que el diseño actual podría generar efectos no previstos, en particular por el nuevo esquema de horas extra. La senadora priista Claudia Anaya alertó que el aumento de nueve a doce horas extraordinarias semanales podría modificar el tratamiento fiscal de los trabajadores, elevando el ISR y afectando prestaciones como el reparto de utilidades. Por ello, propuso establecer también una transición gradual en ese rubro.
Desde el PAN, Ricardo Anaya insistió en que no se debe esperar el plazo de 90 días para adecuar la legislación secundaria y subrayó que la reforma debió dejar explícitos dos días de descanso obligatorio. Aun así, su bancada votó a favor al considerar que la reducción de la jornada es un avance social.
El PT, por voz de Gonzalo Yáñez, coincidió en las preocupaciones sobre las horas extra, aunque respaldó el dictamen al considerarlo un paso necesario.
Morena defendió la iniciativa como un parteaguas histórico. La senadora Simey Olvera recordó que, tras 109 años, la Constitución mexicana actualizará la jornada laboral para priorizar el descanso y la vida familiar.
El dictamen fue aprobado con 48 votos a favor y ninguno en contra, marcando el inicio formal de una transformación largamente debatida.
