Moverse por la Ciudad de México volvió a ser una prueba de paciencia. De acuerdo con el Índice de Tráfico 2025 de la empresa TomTom, la capital mexicana repitió como la ciudad con mayor congestión vehicular del mundo, superando a 491 urbes analizadas a nivel global. El dato no sorprende a quienes pasan horas frente al volante, pero sí confirma que el problema no sólo persiste, sino que se profundiza.
El informe revela que la CDMX registró un nivel de congestión de 79.5 por ciento. En términos simples, esto significa que los traslados diarios tardaron casi 80 por ciento más de lo que tomarían con vialidades despejadas. La velocidad promedio de circulación fue de apenas 17.4 kilómetros por hora, similar al ritmo de una bicicleta tranquila… pero dentro de un automóvil.
El impacto en la vida cotidiana es claro: a lo largo del año, las personas que se desplazan en la ciudad perdieron alrededor de 184 horas atrapadas en el tráfico, lo equivalente a más de siete días completos detenidos entre semáforos, embotellamientos y calles saturadas. No es la primera vez que ocurre: en 2024, la capital también encabezó este ranking poco envidiable.
Ante este escenario, especialistas y autoridades coinciden en que reducir el uso del automóvil es clave. El transporte público —Metro, Metrobús, Trolebús o Cablebús— sigue siendo la opción más eficiente en muchas rutas, especialmente fuera de las horas pico. A esto se suma el crecimiento de la infraestructura ciclista y sistemas como Ecobici, que permiten sortear el tráfico con mayor agilidad.
Caminar trayectos cortos, planear rutas con aplicaciones en tiempo real y combinar distintos medios de transporte puede marcar la diferencia. La congestión no es sólo un problema vial, también es una llamada de atención: mientras no se transforme la forma en que nos movemos, el tráfico seguirá robándose tiempo, energía y calidad de vida.
