El sarampión volvió a encender las alertas sanitarias en México. Hasta el 20 de enero de 2026, el país acumuló 7 mil 188 casos confirmados, según el Informe Diario del Brote, con Chihuahua y Jalisco como los estados más golpeados desde que la enfermedad reapareció en febrero del año pasado. A esta cifra se suman más de 2 mil casos aún en análisis y más de 8 mil descartados, lo que refleja la magnitud del seguimiento epidemiológico.
Se trata de una enfermedad sumamente contagiosa que suele iniciar con fiebre y tos, seguida de pequeñas manchas en la boca y una erupción cutánea que comienza en el rostro y se extiende por el resto del cuerpo. Aunque suele asociarse con la infancia, el brote actual ha dejado claro que no es un riesgo exclusivo de los más pequeños.
El infectólogo Alejandro Macías explica que el sarampión se propaga con facilidad, especialmente entre niñas y niños menores de cinco años. Sin embargo, otro grupo vulnerable ha llamado la atención: jóvenes de entre 20 y 30 años. De acuerdo con el especialista, esta situación está relacionada con la baja aplicación de vacunas durante la pandemia de Covid-19 y con una pérdida gradual de la cultura de prevención que ya se arrastraba desde años previos.
Ante este escenario, las autoridades federales han retomado estrategias clásicas de salud pública. Regresaron las Semanas Nacionales de Vacunación, se activaron campañas informativas en medios y se incorporó la llamada “dosis cero”, dirigida a bebés mayores de seis meses y menores de un año, como una medida adicional de protección.
El avance del sarampión recuerda una lección clave: cuando la vacunación se relaja, las enfermedades regresan. Más allá de las cifras, el reto está en recuperar la confianza y el hábito de prevenir antes de que el brote siga creciendo.
