Moverse en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México podría comenzar a ser menos caótico para miles de pasajeros. Después de años de tensiones entre taxistas tradicionales y plataformas digitales, el AICM anunció un acuerdo que permitirá rehabilitar bahías especiales para ascenso y descenso de servicios como Uber y DiDi en zonas cercanas a las terminales 1 y 2.
La medida forma parte de una estrategia para mejorar la movilidad y ordenar el flujo vehicular dentro del aeropuerto más transitado del país. Aunque las aplicaciones de transporte no cuentan con autorización formal para ingresar a ciertas áreas federales del aeropuerto, las autoridades aeroportuarias buscan ofrecer espacios más seguros y funcionales para los usuarios que diariamente recurren a estas plataformas.
El acuerdo fue resultado de una reunión entre autoridades del aeropuerto y representantes de agrupaciones de taxistas autorizados que operan dentro del AICM. En el encuentro participaron directivos encabezados por el almirante Juan José Padilla Olmos, director general del aeropuerto, junto con integrantes del Comité Directivo de Transportación Terrestre Nueva Imagen A.C., una de las organizaciones más influyentes del sector.
Según explicó el propio aeropuerto, la intención es que los pasajeros puedan elegir libremente entre distintas opciones de transporte en zonas iluminadas, cercanas y controladas, reduciendo así los conflictos que durante años se han registrado entre operadores tradicionales y conductores de aplicación.
Como parte de las nuevas medidas, la Guardia Nacional mantendrá presencia dentro de las instalaciones aeroportuarias y, además, se reforzarán los operativos con más elementos en los próximos días. Incluso se contempla habilitar oficinas para el pago de multas dentro del perímetro federal. Paralelamente, elementos de tránsito de la Ciudad de México apoyarán en el control vehicular en calles y accesos cercanos a las terminales.
El anuncio también ocurre en medio del debate nacional sobre la regulación del transporte por aplicación en espacios federales. Sin embargo, el Grupo Aeroportuario Marina dejó claro que el AICM no tiene facultades para intervenir en decisiones legislativas relacionadas con plataformas digitales o transporte federal, por lo que únicamente se limita a administrar y operar el aeropuerto bajo la normatividad vigente.
Más allá de la logística, el movimiento refleja cómo la realidad del transporte urbano terminó obligando a modificar viejas dinámicas. Los usuarios ya no sólo buscan rapidez; también quieren libertad para decidir cómo trasladarse. Y aunque el conflicto entre taxis concesionados y aplicaciones digitales sigue lejos de desaparecer, el aeropuerto parece reconocer algo que millones de pasajeros entendieron hace tiempo: la movilidad cambió y adaptarse ya no es opcional.
