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Mujeres víctimas de violencia podrían entrar a refugios con sus mascotas en CDMX

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Salir de un hogar violento no siempre es tan sencillo como cerrar una puerta y marcharse. Para muchas mujeres, abandonar el lugar donde viven también significa dejar atrás a sus mascotas, animales que en numerosos casos terminan siendo utilizados por los agresores como una forma de amenaza, manipulación emocional o control psicológico. Bajo ese panorama, el diputado local Jesús Sesma lanzó una propuesta que busca modificar la atención en refugios para víctimas de violencia en la Ciudad de México.

El legislador pidió a la Secretaría de las Mujeres capitalina permitir que mujeres en situación de riesgo puedan ingresar a refugios, casas de emergencia y espacios de protección junto con sus animales de compañía.

La propuesta no gira únicamente alrededor del bienestar animal. El punto central, explicó Sesma, es garantizar una salida segura para mujeres que muchas veces retrasan su decisión de escapar por miedo a abandonar a sus mascotas en manos de sus agresores.

De acuerdo con cifras expuestas por el legislador, más del 70 por ciento de las mujeres han enfrentado algún tipo de violencia, mientras que en siete de cada diez casos donde existen mascotas, estas también son utilizadas como herramientas de intimidación dentro de dinámicas de abuso familiar.

El diputado señaló que cerca de la mitad de las mujeres víctimas de violencia doméstica posponen abandonar su hogar debido a la preocupación por el destino de sus animales. Esa demora, advirtió, puede prolongar situaciones de riesgo físico y emocional tanto para ellas como para sus familias.

“Es una medida que puede salvar vidas”, sostuvo el dirigente del Partido Verde en la capital, al insistir en que los refugios deben evolucionar hacia modelos de atención más integrales y sensibles a las realidades que enfrentan las víctimas.

Actualmente, ninguno de los refugios públicos de la Ciudad de México cuenta con protocolos formales para recibir animales de compañía, una ausencia que, según especialistas y colectivos, se convirtió en una barrera silenciosa para muchas mujeres que necesitan salir urgentemente de ambientes violentos.

La propuesta también abre una conversación más amplia sobre cómo la violencia familiar rebasa muchas veces lo visible. Porque detrás de una denuncia o una solicitud de refugio suelen existir vínculos emocionales, dependencias afectivas y temores que rara vez aparecen en las estadísticas oficiales.

Mientras las autoridades analizan la viabilidad de la iniciativa, el debate deja una reflexión importante: proteger a una mujer en situación de violencia no solo implica ofrecerle un techo seguro, sino comprender todo aquello que puede impedirle dar el paso para salir de un entorno donde el miedo termina alcanzando incluso a quienes no tienen voz.

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