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“La ola sí, el grito no”: FMF revive campaña contra el grito homofóbico rumbo al Mundial 2026

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Con el Mundial 2026 cada vez más cerca y millones de ojos puestos sobre México, la Federación Mexicana de Futbol decidió volver a enfrentar uno de los temas más incómodos y persistentes en las tribunas: el famoso grito de “¡ehhh, puto!”, una expresión que durante años le costó sanciones económicas, advertencias y castigos internacionales al futbol mexicano.

Ahora, la FMF intenta cambiar la narrativa con una nueva campaña llamada “La ola sí, el grito no”, una estrategia que busca convencer a la afición de sustituir los insultos discriminatorios por expresiones de apoyo hacia la Selección Mexicana durante los partidos previos y la Copa Mundial.

La iniciativa apuesta por la nostalgia y el orgullo futbolero como herramientas para transformar el ambiente en los estadios. A través de comerciales, testimonios y contenidos digitales, exjugadores del Mundial de 1986 recordarán el nacimiento de la tradicional ola mexicana, uno de los símbolos más recordados de aquella Copa del Mundo celebrada en México.

En la primera etapa de la campaña participarán figuras históricas como Fernando Quirarte, Luis Flores, Miguel España y Carlos de los Cobos, quienes compartirán recuerdos sobre el respaldo que recibieron de la afición durante México 86.

La segunda fase arrancará en junio y sumará nombres aún más emblemáticos como Hugo Sánchez, Manuel Negrete y el actual entrenador nacional Javier Aguirre, quienes reforzarán el mensaje de unidad y respeto desde las gradas.

La campaña también aparecerá en los partidos amistosos de preparación rumbo al Mundial, incluyendo encuentros en Estados Unidos, donde la FIFA mantiene estricta vigilancia sobre cualquier manifestación considerada discriminatoria.

El reto para la FMF no es menor. Durante años, el grito se convirtió en parte del ritual futbolero para miles de aficionados, pese a las multas y advertencias internacionales. La FIFA lo catalogó oficialmente como una expresión homofóbica y mantuvo presión constante sobre México para erradicarlo antes del Mundial 2026.

Por eso, más allá de una campaña publicitaria, el verdadero desafío será modificar una conducta profundamente arraigada en parte de la cultura de estadio. La Federación parece entender que no bastan sanciones ni amenazas; ahora apuesta por la identidad, la memoria y el orgullo futbolero para cambiar hábitos.

Porque a un año del torneo más importante del planeta, México no solo se juega resultados en la cancha. También se juega la imagen que proyectará ante millones de personas que llegarán esperando una fiesta mundialista… no una polémica repetida desde las tribunas.

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