Las redes sociales dejaron de ser solo entretenimiento y se convirtieron en un terreno complejo para niñas, niños y adolescentes. Frente a ese escenario, el diputado Pedro Haces Lago lanzó una iniciativa que busca poner orden en el uso digital de menores, con el objetivo de reducir riesgos como el acoso, la extorsión y el deterioro emocional.
La propuesta, presentada ante el Congreso de la Ciudad de México, plantea modificar la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes. El planteamiento es directo: el acceso a redes sociales para menores de 16 años no sería libre, sino condicionado a la autorización de madres, padres o tutores, además de incorporar medidas de supervisión más estrictas.
El contexto no es menor. Datos de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México indican que siete de cada diez menores en la capital ya utilizan plataformas digitales, muchas veces sin filtros ni acompañamiento. A esto se suma que, según UNICEF, uno de cada cuatro adolescentes ha enfrentado algún tipo de ciberacoso, desde amenazas hasta exposición indebida de información personal.
Durante la presentación, el legislador no se quedó en cifras. Acompañado por un menor —designado simbólicamente como “diputado por un día”—, subrayó que el impacto de las redes no es virtual, sino tangible. Ansiedad, baja autoestima y una constante comparación social forman parte de un problema que, aseguró, ya está rebasando a muchas familias.
La iniciativa también apunta hacia las propias plataformas. Se propone que empresas tecnológicas implementen verificación de edad, mecanismos de consentimiento parental y herramientas reales de control. Además, el Estado tendría que fortalecer la educación digital, no solo para menores, sino también para padres y docentes.
El mensaje de fondo es claro: no se trata de prohibir, sino de regular. Sin embargo, el debate apenas comienza. Porque en una era donde lo digital define gran parte de la vida cotidiana, legislar sobre redes implica caminar en una línea delgada entre protección y libertad. Y ahí está el verdadero reto: cuidar sin limitar, educar sin controlar de más.
