Con un mensaje directo y sin rodeos, Ariadna Montiel Reyes arrancó su nueva etapa al frente del partido en el poder. Tras dejar la Secretaría del Bienestar, su llegada a la dirigencia nacional de Morena no pasó desapercibida, sobre todo por las dudas que surgieron en torno al manejo de los padrones de programas sociales.
El tema no es menor. Históricamente, el uso político de estos registros ha sido uno de los principales cuestionamientos en procesos electorales. Por eso, apenas concluido el VIII Congreso Nacional Extraordinario donde fue electa, Montiel salió a fijar postura: no habrá manipulación ni aprovechamiento indebido de la información.
“Quienes señalan eso hablan desde lo que conocen”, dijo, al defender que el movimiento de la llamada Cuarta Transformación se basa —según sus palabras— en honestidad, lealtad y en una ciudadanía que ya no es fácilmente influenciable. El mensaje buscó cerrar la puerta a cualquier sospecha sobre el uso de programas sociales como herramienta electoral.
Su llegada ocurre en un momento clave para Morena. Con el relevo en la dirigencia y el reacomodo interno tras la salida de figuras hacia cargos en el gobierno, el partido entra en una fase de reorganización rumbo a los próximos procesos políticos. En ese escenario, Montiel tendrá que equilibrar dos frentes: mantener la cohesión interna y responder a los señalamientos externos.
Por ahora, la nueva dirigente también adelantó que el acercamiento con los partidos aliados, como el Verde y el del Trabajo, será inminente, aunque sin dar fechas concretas. La intención es clara: mantener la alianza que ha sido clave en los últimos años.
Más allá del discurso, el reto real estará en la percepción pública. Negar el uso político de los padrones es un primer paso, pero sostener esa confianza será la verdadera prueba. Porque en política, las palabras pesan… pero los hechos son los que terminan marcando la narrativa.
