La música volvió a sonar, pero esta vez no fue para celebrar. A las afueras del Parque Bicentenario, familiares y amigos de Miguel Ángel Rojas organizaron un “anticoncierto” para recordar a los dos fotoperiodistas que murieron hace un año durante el festival Axe Ceremonia. Más que un homenaje, fue un acto de exigencia.
Sobre un escenario improvisado, entre performances y presentaciones de artistas independientes, el mensaje fue directo: justicia. A doce meses de la tragedia, el caso sigue sin judicializarse, detenido entre amparos y retrasos que han impedido que los responsables enfrenten un proceso formal.
Para la familia, el tiempo no ha suavizado nada. Al contrario, ha profundizado la indignación. La madre de Miguel Ángel lo dijo sin rodeos: lo ocurrido no fue un accidente, sino consecuencia de decisiones que priorizaron intereses económicos sobre la seguridad. Una afirmación que se repitió en cada intervención durante el evento.
El padre del fotoperiodista insistió en lo mismo: hubo omisiones, errores y responsables que, hasta ahora, no han rendido cuentas. Más allá de discursos o gestos institucionales, lo que exigen es un paso concreto: que el caso avance a juicio y se determine la responsabilidad de quienes permitieron que ocurriera la tragedia.
La familia también señaló la lentitud del proceso como uno de los aspectos más dolorosos. Mientras ellos enfrentan el duelo, aseguran que las empresas involucradas continúan operando con normalidad, lo que refuerza la sensación de impunidad.
El “anticoncierto” reunió a 18 artistas que se sumaron de forma gratuita, convirtiendo el espacio en una mezcla de memoria, protesta y resistencia. Cada canción, cada palabra, buscó mantener vivo el reclamo.
El caso deja una herida abierta que va más allá de una familia. Expone fallas en la organización de eventos masivos y, sobre todo, en la respuesta institucional posterior.
