Las pulquerías, espacios históricos ligados a la cultura popular de la capital, podrían finalmente tener un reconocimiento legal propio. En el Congreso de la Ciudad de México, el diputado Ernesto Villarreal Cantú presentó una iniciativa para reformar la Ley de Establecimientos Mercantiles de la Ciudad de México con el objetivo de regular la operación de estos establecimientos tradicionales.
La propuesta busca que las pulquerías sean incorporadas formalmente como giros de impacto vecinal, una categoría que permitiría establecer reglas claras para su funcionamiento y reconocer su papel dentro de la vida cultural de la ciudad.
Durante su intervención en tribuna, el legislador —coordinador del grupo parlamentario del Partido del Trabajo— explicó que actualmente la ley capitalina no contempla una figura jurídica específica para este tipo de negocios. Esto obliga a muchas pulquerías a operar bajo clasificaciones pensadas para bares, cantinas o restaurantes, categorías que no reflejan su naturaleza ni su tradición.
El problema, señaló, es que esa falta de reconocimiento legal provoca consecuencias prácticas. Al ser reguladas como establecimientos nocturnos, muchas pulquerías deben cumplir requisitos diseñados para otros giros comerciales, como sistemas de videovigilancia conectados al C5 de la Ciudad de México, arcos detectores de metales o controles similares a los de bares y antros.
Cuando estos espacios no logran cumplir con dichas exigencias —que en muchos casos resultan desproporcionadas para su actividad— enfrentan sanciones, multas o incluso clausuras definitivas.
La iniciativa también recuerda el valor histórico del pulque, una bebida fermentada originaria del altiplano central de México cuyo proceso de elaboración ha sido transmitido durante generaciones. Este conocimiento involucra oficios tradicionales como los tlachiqueros, las jicareras, las mayordomas de tinacal y las pulqueras, quienes han preservado esta práctica por más de dos mil años.
En reconocimiento a esta tradición, el gobierno capitalino declaró en 2024 el proceso de elaboración del pulque como patrimonio cultural inmaterial de la ciudad. Posteriormente, en 2026, se instituyó el Día del Pulque en la Ciudad de México, que se celebra el primer domingo de febrero.
La propuesta legislativa plantea reglas más acordes con la naturaleza de estos espacios. Entre ellas, horarios de operación de 10 de la mañana a 10 de la noche, la venta exclusiva de pulque natural y curado, y la eliminación de requisitos pensados para establecimientos nocturnos.
Además, se contempla un régimen transitorio para que las pulquerías existentes puedan regularizarse mediante un proceso simplificado, sin costos adicionales ni trámites excesivos.
Más allá de la regulación administrativa, la iniciativa abre una discusión más amplia: cómo proteger tradiciones culturales dentro de una ciudad que cambia constantemente. Si prospera la propuesta, las pulquerías no solo conservarían su lugar en la memoria colectiva, sino también en el marco legal de la capital.
